martes, 5 de enero de 2016

Escritora aliada: Rosario Raro



Nuestra escritora aliada de noviembre es Rosario Raro. Este mes empezamos más tarde hablándoos de ella porque ha sido un mes complicadillo para vuestras lideresas, pero estamos seguras de que os va a encantar lo que tenemos preparado. Muchas gracias a Rosario por haber aceptado ser nuestra escritora aliada de noviembre, y por implicarse tanto.

En esta ocasión nadie adivinó quién era nuestra escritora aliada, las pistas creemos que os despistaron más que ayudaros, y eso que no era tan difícil. Queremos dar las gracias a Pedro de El búho entre libros por ayudarnos con las pistas (es decir, los reproches por no haberlo adivinado, ya sabéis a quién tienen que ir dirigidos, jajaja) y con las preguntas a Rosario referentes a su novela.

Pista 1: Su apellido es poco común.
Pista 2: Le gustan los trenes.
Pista 3: En su última  novela, aparece una famosa cantante estadounidense.
Pista 4: A una de vuestras lideresas la ambientación de su última novela le pilla relativamente cerca (Carla es de Zaragoza).

¿Queréis saber más de Rosario Raro? Abrochaos bien el cinturón, y disfrutad del viaje a través de su vida:

Rosario Raro nació el 1 de marzo de 1971, en Segorbe, Castellón.

Los dos libros que le hicieron comenzar a leer de una forma continuada fueron: “Los escarabajos vuelan al atardecer” de María Gripe en el que aparecía el naturalista sueco Linneo y “Crónica sentimental en rojo” de Francisco González Ledesma, premio Planeta 1984. Tal vez este segundo no era demasiado apropiado para su edad —entonces tenía solo trece años— pero fue determinante. “No sentía que estaba leyendo sobre unos sucesos concretos en Barcelona, me sentía allí y entonces”. Al año siguiente leyó“Crónica del alba” del escritor aragonés Ramón J. Sénder. Le sirvió para algo muy importante: “para saber sin ninguna duda que quería dedicarme a escribir y además para darme cuenta de que la amistad es una de las mejores cosas que podemos disfrutar en esta vida”. Y esto segundo lo dice porque para que se lo pudiera leer, su amiga Carmen Marín se lo llevaba los viernes por la tarde a Segorbe desde Castellón de la Plana y cada quince días se lo volvía a llevar para renovar el préstamo de la biblioteca.

Rosario se acercó a la literatura cuando era muy pequeña. Antes de los diez años descubrió que la verdadera potencia de la escritura es que puede ampliar el espacio y el tiempo. Como decía Josefina Aldecoa, “una novela es un medio de transporte”. Ella cree que un relato también y que su extensión no implica que el trayecto que nos propone sea menor, porque a veces la impresión que nos queda tras su lectura nos dura siempre. Rosario escribe desde siempre. “Para mí ha sido una tabla de salvación y a la vez una fuente continua de buenas experiencias. Siempre digo que los mejores premios literarios son las personas que he conocido a través de esta profesión. Estoy convencida de ello”.

Los primeros libros que escribió y publicó fueron en colaboración con un grupo de amigos, eran su particular forma de felicitar el año nuevo a sus seres queridos, a la manera de lo que hacía —salvando las abismales distancias— Max Aub con “El correo de Euclides”.

Rosario no tiene ninguna manía en especial para escribir, solo necesita estar sola, una ventana enfrente y su ordenador conectado a internet. “Para mí la escritura de un texto como Volver a Canfranc es una especie de inmersión pero a bastante profundidad, no puedo estar entrando y saliendo continuamente de ese lugar y esa época porque me mareo”. Sus horas más productivas son entre las 6.00 y las 10.00 de la mañana. Antes “de que el mundo arranque”. Esa es la sensación que tiene. A partir de esa hora, ya lleva “una vida normal como la de cualquier otra persona”. Lo que pasa es que no siempre puede tener ese horario: por viajes, trabajo o pereza. “Entonces busco cualquier otro momento para escribir. Y como no podía ser de otra forma, muchos capítulos de esta novela los he escrito íntegramente a bordo de un tren”.

Más que en la inspiración, Rosario cree en la técnica y en que en el único lugar donde el éxito llega antes que el trabajo es en el diccionario. “Todos tenemos días mejores y peores pero con buenos recursos, ganas y sobre todo ilusión es posible compensar unos con otros”.

En sus novelas hay muchísimo de ella.“Yo creo que siempre hacemos autobiografía en el sentido de que escribimos sobre aquello que nos interesa y esto tiene que ver con nosotros mismos, nuestro entorno inmediato, etc. Después llega lo más divertido: disfrazarnos para que no se nos reconozca”.



Cuando le preguntamos si cree que es necesario que el escritor haya estado cerca de ciertas emociones para poder novelarlas nos responde que sin duda. “Entre los escritores que escriben sobre lo que han vivido y aquellos que lo hacen a partir de sus lecturas me quedo con los primeros”. Y aunque resulte aparentemente contradictorio, entre los autores de novela histórica abundan quienes son capaces de transmitir hechos muy lejanos en el tiempo como si hubieran estado allí, consiguen una especie de trasposición sentimental y de acción. Magia. “Pienso por ejemplo en José Luis Corral, Luz Gabás o Santiago Posteguillo”.

Rosario escribe para el mayor número de lectores posible. “Aunque parezca un juego de palabras, creo que a cuántas más personas interesa una historia, más interesante es o en más interesante se convierte”. Apuesta por la democratización del arte, no le gustan los elitismos en la cultura porque son el germen de la desigualdad “en otros órdenes”, le interesa la literatura popular, el entretenimiento, cree que en esto tiene mucho que ver ser doctora en Filología. “Algunos de los autores a los que más admiro tienen esta misma formación, por definición los que nos dedicamos a esto tendríamos que ser capaces de escribir textos muy elaborados, muy literarios, para una minoría inmensa, en cambio, es muy significativo que en vez de eso, cumplamos con aquello de que el primer mandamiento del autor tiene que ser no aburrir al lector y seamos tan corteses que intentemos, al menos, cumplirlo”. Será porque libros del otro cariz ya han escrito bastantes, algunos hasta una tesis doctoral de ochocientas páginas sobre la forma de la escritura en internet.

Le pedimos a Rosario que nos  hable de la situación actual de la  industria editorial. Por su trabajo como profesora de escritura creativa, está rodeada de personas que escriben. “Lo que permite el tiempo en que vivimos es buscar una opción a medida de cada persona y de cada libro y eso es muy positivo: desde la autoedición, que siempre tiene que ser cuidadísima porque es la tarjeta de presentación de un autor, como la escritura para grandes editoriales”. Ella excluiría a quienes se califican como editores y en realidad son *heditores, así, con h, porque persiguen cobrarles a los autores por imprimirles sus textos, bien de forma directa o a través de la venta de los ejemplares de su libro en una presentación a la que solo acuden  amigos y familiares del autor.

Rosario cree que en este ámbito se da mucho aquello de que es el lobo demasiadas veces el que cuida a las gallinas, “y lo que observo es que por suerte, los que escribimos somos cada vez menos incautos”. A esto ayuda que la formación del escritor no es en estos momentos solo literaria sino que la mayoría cuentan con otras herramientas para detectar estafas de este tipo, que además de la “sustracción económica” que suponen, entrañan otros riesgos como páginas sembradas de faltas de ortografía que las vuelven ilegibles, y libros que no llegan a ningún lado. Es decir, estos tahúres, que barajan hojas en vez de naipes, con sus malas acciones pueden hacer que una carrera literaria termine incluso antes de comenzar.

Un consejo: se puede hacer algo tan sencillo como ver la manera en que determinada empresa ha publicado sus libros anteriores, si están bien maquetados, corregidos, cómo los ha distribuido, etc. para evitar caer en la trampa. También en blogs, foros y otros entornos de internet se puede conseguir mucha información sobre esta cuestión. Lo mejor de esta época es que el autor está más acompañado que nunca”.

Rosario, antes de fichar por Planeta, estuvo en tres editoriales, “todas merecen ese nombre por su trabajo digno, cuidado, su dedicación y vocación a las letras y por su trato exquisito a los autores”.En este aspecto —como en cualquier otro de la vida— cree que hay que andarse con mucho ojo, pero si se toman ciertas precauciones es posible que todo resulte bien.


La historia de “Volver a Canfranc” le surgió de la visión del edificio de la estación internacional de Canfranc. “Cuando se tiene enfrente, esta construcción sobrecoge y habla. Solo hay que escuchar lo que cuenta sobre su grandeza pasada y espero que pronto, también futura, y tomar nota”.

Cuando le preguntamos si cree que la novela engancha tanto porque es real, nos responde que “parece que plantearnos hasta donde es capaz de llevarnos la imaginación de un autor despierta mayor desconfianza, si los hechos son decididos por el tiempo, el mejor escritor sin duda que existe, entonces parece que por este motivo, el de ser reales, cobran carta de naturaleza, aunque es innegable también que a veces se confunde la autenticidad con lo verosímil”.

Su personaje favorito de la novela, aquel que le llevó a escribirla y a titularla así fue Laurent Juste, en su nombre hay un juego de palabras porque es algo así como el sol de la justicia, alguien que siempre antepone a los demás a sí mismo, un hombre de gustos sencillos, ejemplar, coherente, que por su comportamiento obtiene una recompensa. Y Jana y Durandarte. “Creo que la primera es una muestra de cómo tuvieron que seguir adelante las mujeres de la posguerra, de cualquier posguerra”. Entre los secundarios se queda con Montlum y con Voltor. El segundo cree que pone de manifiesto lo pernicioso que son los prejuicios y las conjeturas a simple vista.

Las guías que realizan el recorrido de la estación de Canfranc y algunas personas de la oficina de turismo le han dicho que desde este verano están llegando muchos visitantes que les dicen que están allí por su novela. “A mí me gusta mucho que se haya instaurado esta ruta literaria como sucede con otros lugares referidos en los libros”. Cree que es una manera de vivir lo que se narra de una forma más intensa, recorrer sus parajes, sus páginas, después de con los ojos, con los pies.

* ¿Te ha cambiado la vida la publicación de Volver a Canfranc?
- “Lo que me ha sucedido a partir de este 7 de abril, que fue cuando salió a la venta  esta novela, ha sido como una especie de revelado fotográfico respecto a las personas que me rodean”. Ha sentido la euforia multiplicada en todos aquellos que lo han vivido en primera persona. Son muy difíciles de resumir tantas sensaciones, se queda con la relación con sus editoras, Raquel y Puri, con los escritores de Planeta con quienes ha coincidido en las ferias y presentaciones, en la gala de los premios, el contacto continuo con los lectores, los autores de blogs… Y el hecho de que la cuarta edición ya está en la calle.



Rosario nos cuenta anécdotas que le han pasado mientras escribe, las llama señales, “datos que me dan escalofríos, una especie de guiños de la realidad”. Sucede mientras rastrea información que, de repente, hay hallazgos que le hacen pensar que no es casual haber elegido ese tema y no otro. “Tienen mucho valor para mí porque me aportan seguridad, una especie de certeza que me da mucha energía”.

Rosario tiene muchísimos referentes literarios. “En nuestra lengua, yo considero que es imprescindible acercarse a Cervantes —y no lo digo como cliché—”. Y sigue con su enumeración: Entre otros, Pessoa (le resulta una de las figuras más fascinantes de la historia de la literatura). Caterina Albert, que escribía con el seudónimo de Víctor Català. Max Aub, único, “un hombre que sobrevivió a tres guerras y escribió con delirio y con acierto algunas de las mejores bromas literarias del siglo XX y páginas y páginas muy  valiosas”. Las mujeres a las que casi nunca se nombra de la generación del 27 (Nelken, Saornil, Arderiu, Catarineu,  Mulder, Roca de Togores). Bradbury y sus ideas sobre la escritura; Carmen Laforet, un prodigio. Francisco González Ledesma de quien le fascinó “Crónica sentimental en rojo” y le hizo no dejar de escribir desde entonces. Elena Poniatowska, admirable, “tal vez una de las más grandes intelectuales de América”. Albert Sánchez Piñol, la atrapó —literalmente con “La piel fría” y “Pandora en El Congo”—,“un antropólogo que bucea dentro de los lectores”. Y muchos otros, aún no tan conocidos, de los que ha tenido el privilegio de ser su primera lectora. 

De octubre a junio Rosario se dedica a leer sobre todo lo que escriben sus alumnos. “A veces asisto con emoción al nacimiento de una obra y siento que es un privilegio leerla antes que nadie, de forma paralela intento devorar unas cien páginas al día”. Alterna sobre todo novela, poesía y ficción breve. No tiene ningún “eterno pendiente”, hay algunos que nunca leerá y ya lo sabe.

Dice que la pregunta más difícil de toda la entrevista es cuando le pedimos que nos recomiende un libro y una película “porque me gustaría recomendaros muchísimos y muchísimas”. Nos recomienda: “Crónica sentimental en rojo” de González Ledesma, “Crónica del alba” de Ramón J. Sender, “Últimas tardes con Teresa” de Juan Marsé, “La Regenta”…
En cuanto al cine, varias de Pilar Miró, La ley del deseo de Almodóvar, La ardilla roja de Medem, Amantes de Vicente Aranda, Ojos negros de NikitaMikhalkov, Intacto de Juan Carlos Fresnadillo, Inconscientes de Joaquín Oristrell…“Por suerte me gustan todos los géneros y con los libros me sucede igual, me gustan aquellas novelas que no se atienen a una sola fórmula sino que tienen elementos de varios”.

Su siguiente proyecto ya está en marcha: Su próxima novela. Sucede unos diecisiete años después de “Volver a Canfranc”, a principios de los sesenta y hay dos reapariciones estelares por aclamación popular, es decir, a petición de los lectores. “Quiero que sea un premio para todos los que me habéis apoyado tantísimo con Volver a Canfranc”.

Dentro de 10 años se ve en su casa, eso seguro, porque le gusta muchísimo ese lugar. “Considero que con una buena conexión a internet y los medios de transporte adecuados se puede vivir en cualquier sitio”. En el plano no geográfico, le gustaría seguir contando historias con las que algunas personas se estremezcan. “Esa es mi única ambición. De lo demás ya tengo de todo”.

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